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I. LOS CAMPESINOS CUENTAN CUENTOS:
EL SIGNIFICADO DE MAMÁ OCA



EL MUNDO mental de los no ilustrados parece irremediablemente perdido
durante la Ilustración. Es tan difícil, si no imposible, situar al
hombre común del siglo xvm, que parece una necedad investigar
su cosmología. Pero antes de renunciar al intento, podría ser útil reprimir
nuestra incredulidad y considerar un cuento, un cuento muy conocido,
aunque no en la siguiente versión, que es como más o menos se
relataba junto a las chimeneas en las cabanas de los campesinos, durante
las largas noches invernales en la Francia del siglo XVIII.1


 Resultado de imagen para ilustraciones antiguas de la caperucita roja

Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y
leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se
le acercó y le preguntó adonde se dirigía.
—A la casa de mi abuela —le contestó.
—¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los
alfileres?
—El camino de las agujas.
El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa.
Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en
rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela
y esperó acostado en la cama.
La niña tocó a la puerta.
—Entra, hijita.
—-¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
—Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; y mientras lo hacía,
un gatito dijo:
—¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu
abuela!
Después el lobo le dijo:
—Desvístete y métete en la cama conmigo.
—¿Dónde pongo mi delantal?
—Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
Cada vez que se quitaba una prenda (el corpino, la falda, las
y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el
contestaba:
—Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.
Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:
—Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
—Para calentarme mejor, hijita.
—Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
—Para poder cargar mejor la leña, hijita.
—Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
—Para rascarme mejor, hijita.
—Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
—Para comerte mejor, hijita.
Y el lobo se la comió.

1 Este texto y los de otros cuentos franceses examinados en este ensayo
provienen de la obra de Paul Delarue y Marie-Louise Tenéze, Le Conté populaire
franjáis (París, 1976), ^ vols. Ésta es la mejor recopilación de
cuentos franceses, porque ofrece todas las versiones registradas de cada
cuento, junto con información de los antecedentes de cómo fueron reunidos
de la fuente oral. Delanie y Tenéze ordenaron los cuentos de acuerdo con
el sistema de clasificación estándar Aarne-Thompson, para poder compararlos
con las versiones del mismo "tipo de cuento" de otras tradiciones orales.
Véase Antti Aarne y Stith Thompson, The Types of the Folktale: A
Classification and Bibliography (2a. ed. rev.; Helsinki, 1973)
.

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