El Principito (IV)

Conclusiones al Principito


El guardavías


El gran encuentro del Pequeño Príncipe es con el movimiento, con el moverse él mismo, algo así como enfrentarse al activismo insensato y absurdo.

El tiempo del niño y del adulto son totalmente distintos. Llevan ritmos y velocidades diferentes. En este libro se manifiesta la importancia de invertir tiempo en los demás porque eso es una demostración de amor. Es por ello que la ternura no soporta la prisa.

La ruptura entre el hacer y el ser es la ruptura de la infancia y la adultez.

Todo el viaje que emprende el Pequeño Príncipe es para convertirse en adulto y como no se logra identificar con las personas mayores que conoce, reniega de ellas y prefiere regresar a su planeta.

Capítulo XXIV


Aquí se encuentra una alusión al pasado y a las cosas perdidas: la infancia, las personas que se fueron...

Lo que embellece el desierto es lo que esconde:
  • Un pozo
  • La esperanza
  • Las ilusiones
El piloto y el Pequeño Príncipe siguen en la búsqueda del pozo a pesar de la situación desesperada: hay que morir en el intento y siempre pensar que encontrarás el pozo. También se debe buscar lo rescatable de lo que se vive, por obscuro que se vea el panorama: es bueno haber tenido un amigo, aún si vamos a morir. Se necesita buscar la belleza en lo que la vida ofrece y encontrarla incluso en lo imperfecto.

La vida es la búsqueda del pozo. A veces lo haces, a veces no lo buscas, pudiste pensar que existía; pero también que no. El Principito nos enseña que la búsqueda es bella y que tiene un sentido. La pregunta es: ¿cómo estás buscando ese pozo?

El piloto cuenta que en su casa guardaba un secreto en el fondo del corazón: ¿cómo es tu casa, tiene un tesoro o no lo tiene? La infancia es el tesoro que todos guardamos en el corazón: ¿cómo fue, un tesoro, un calabozo, un palacio...?

Capítulo XXV


La sociedad actual, el sistema, no permite que te dejes domesticar. No se tiene tiempo de nada y sólo se sobrevive, no se vive.

Los señalamientos que hace el Pequeño Príncipe nos llaman a prestar a atención a que los seres humanos estamos viviendo la falta de presencia para con lo cotidiano. Ya nada es ritual, todos es automatizado.

Capítulo XXVI


En este capítulo el Principito deja su herencia al piloto. Ha decidido irse pero tiene miedo el cual puede paralizar, mantenerte ahí. Puede ser un impulso, un motor; pero también un freno. Hay que confrontar el miedo y trascenderlo. Frente a la conciencia de que se es finito podemos no hacer nada o buscar dejar una herencia.

La risa en las estrellas, herencia del Principito, refleja exáctamente la necesidad del corazón del piloto, un consuelo para su tristeza y le ayuda a recuperar la risa y la ilusión de su infancia. El duelo ocurre finalmente cuando aceptas lo que el otro te dejó sin su presencia.

La reflexión aquí es: ¿qué pensamos dejar de herencia, qué nos han dejado nuestros seres queridos?


Conclusiones


El Pequeño Príncipe nos reta a volver a plantearnos las preguntas esenciales para nuestra vida:seguir preguntándote sobre el amor, cómo cuidarlo y protegerlo. La sola posibilidad de perderlo apaga todas las estrellas.

Si tienes una rosa, no debes nunca olvidar cuidarla. La has domesticado o te ha domesticado y ahora, es tú responsabilidad. ¿Qué haces tú por tu amor hoy?

El dar nunca es suficiente y nunca es para siempre.

Leer el Principito te plantea un reencuentro con tu infancia y la posibilidad de confiar. Es importante resguardar a nuestro niño interno.

La rosa es el valor de la infancia, depende de ti recordar ponerle o no, el bozal al cordero. Uno puede distraerse en un instante y se pueden comer a tu rosa, lo cual nos recuerda de la fragilidad del amor.

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